
"Cuando se fue nada dejó que no doliera."
M. Fernández
Cuando, Melpémone, golpeando mi ventana,
tempérea, con su muy más tenue luz sosiega,
acrecienta mis ansias y mi pena, e, inerte,
mirar de noche azul tu rostro puedo, lejana.
Y acato los mustios versos en que impera
su áurea y bel rosácea vestidura,
que de nubes y astros muchos es su hechura,
y en vientos no muy rubios su crespa cabellera.
Crepitar de aguas, y en el muro, unas margaritas,
y árboles y hierbas también Amada agitas:
todo el silencio hadesádico en mi trema.
Y así es como una luz alada llega,
reabriendo en mí la ignota llaga que al verte,
se coagula toda ella en un poema.
Orfeo
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